martes 8 de febrero de 2011

POLICIALES DE ARCHIVO: Los 12 apóstoles, un motín caníbal

Ocurrió el 30 de marzo de 1996. Trece presos intentan escaparse del penal de Sierra Chica, y uno de ellos cae muerto. La jugada les había salido mal, aunque sin embargo los restantes decidieron amotinarse en repudio a lo sucedido. Se contaron, y se dieron cuenta que eran doce, por lo cual surgió el apelativo de “Los 12 apóstoles”. Tomaron rehenes y empezaron a negociar de la peor manera: mataron a ocho internos, acusados de ser los informantes de la policía. Tomaron como rehenes hasta a la jueza que intentó negociar. Pronto, los 12 apóstoles recibieron el apoyo de los presos de las demás cárceles y alrededor de 30 mil reos se amotinaron al mismo tiempo, aunque la parte más fuerte seguía estando en Sierra Chica. Si usted, estimado lector, se impresiona fácilmente, no lea lo siguiente. Cuenta la historia que dos de los amotinados necesitaban seguir vengándose, por lo cual fueron más allá: quisieron jugarle una broma a tres de los guardias que ellos tenían como rehenes. Agarraron a uno de los presos que ya estaba muerto, y comenzaron un acto caníbal: lo cortaron en pedazos, lo pasaron por la picadora de carne e hicieron empanadas con su cuerpo, y con las tapas que amasaban los propios presos en la panadería del penal. Las pusieron en la heladera y, después de unas horas, las calentaron, las sirvieron en un plato y, cordialmente, fueron a llevárselas a los guardias. Uno desconfió y apenas probó bocado, pero alentado por sus otros dos compañeros, siguió. Cuando uno de ellos comió la segunda, los apóstoles no soportaron la risa: se fueron alejando y les contaron la verdad. Las arcadas y vómitos aparecieron al instante. Uno de los guardias se recostó y no comió absolutamente nada hasta el final del motín, que duró ochos días. Ya había comido demasiado. Misteriosamente, el levantamiento se terminó, los presos fueron trasladados a la cárcel de Devoto y rieron al escuchar la pena de no más de 15 años. Algunos de ellos ya están libres.

Marcos Di Palma, el ídolo moderno







No gana carreras. No tiene el mejor auto de la categoría. Ni siquiera está acostumbrado a pelear los primeros lugares. Sin embargo, le pelea mano a mano a cualquiera el trono de máximo ídolo del automovilismo actual. Batacazo siguió a Di Palma durante toda una carrera de Top Race V6, en el autódromo Juan y Oscar Gálvez. Dicha competencia está catalogada como la “Categoría espectáculo”, ya que se ofrecen diversos shows entre serie y serie, como autos antiguos que desfilan por la pista, otros coches último modelo haciendo trompos, una avioneta que realiza piruetas totalmente jugadas…y Marcos Di Palma. La mayor atracción de la categoría es, sin dudas, Di Palma. La gente que obtiene el pasaporte para recorrer los boxes camina tranquila y recorre los distintos autos, que se encuentran estacionados, con los capots levantados y recibiendo los últimos detalles antes de salir a pista. Está el box de Omar “Gurí” Martínez, múltiple campeón con Ford en Turismo Carretera, o de Agustín Canapino, rey actual del Top Race. También está Esteban Tuero, ex Fórmula 1. Sin embargo, en esos boxes hay dos o tres personas, generalmente mecánicos o allegados al piloto. Hay un box, sólo uno, donde unas 200 personas (la totalidad que compraron un ticket para pasear por boxes) que se detienen donde está el auto de Marcos Di Palma. No les interesa que aún les queden alrededor de 20 boxes por recorrer. Allí se detienen. Esperan, inmovilizados. Mientras, en la pista central, a escasos 10 metros, se corre una carrera de Top Race Series, la categoría anterior. A ellos no les importa.




Solamente esperan el momento. Y ese momento llega. Aparece él. Y los celulares y cámaras digitales salen a la luz, y Di Palma saluda, y la popular estalla en un aplauso. Se saca unas 30 fotos con diferentes fanáticos antes de ultimar detalles para largar a clasificarse para la carrera final. Su box tiene exactamente el triple de publicidades que cualquier otro piloto. Pero no tiene el mejor auto. En la clasificación consigue un meritorio séptimo puesto, y todos los pilotos se preparan para la gran final. Pero él no. Di Palma se sube al auto muletto (el de repuesto) y sale a pista nuevamente, esta vez para cumplir con alguno de sus patrocinantes. El objetivo es dar un giro al circuito acompañado de una persona común, ganadora de un concurso previo. La tribuna aplaude sin parar. Luego de diez vueltas, la última encuentra la mejor despedida: los clásicos trompos. Una, dos, tres vueltas, que llenan de humo y olor a caucho quemado todo el circuito, y la gente que delira en la popular y se vuelve loca cuando Di Palma baja del auto y saluda. “Olé, olé, olé, olé, Marcos, Marcos…”, son segundos donde el ídolo saluda a esos 5 mil fanáticos que lo adoran. Camino a su box, se saca unas 50 fotos y birnda tres entrevistas. Y llega el momento de la carrera final, con la esperanza de Di Palma de pelear los primeros lugares. Pero recordemos, no tiene el mejor auto. Y a la primera curva sufre una falla y para en boxes, por lo cual queda último. Vuelve a pista e intenta pelear por unas pocas vueltas más, hasta que abandona. La decepción de la gente es grande, se siente en los murmullos. Di Palma llega, se baja del auto y el movimiento de su mano para saludar es exactamente al mismo tiempo que la popular aplaude con las manos enrojecidas. La carrera había terminado. Su idilio no.

domingo 2 de enero de 2011

FELIZ 2011 PARA TODOS!

Comienza un nuevo año. Gracias a los que día a día eligen Batacazo.

Que este sea un año lleno de noticias buenas y agradables.

Saludos!

jueves 11 de noviembre de 2010

La decadencia de los gigantes



Boca y River dan lástima. Así de simple y sencillo. Los dos equipos con más convocatoria, títulos, prestigio e historia, están a punto de protagonizar (sin lugar a dudas y sin recurrir mucho a la memoria) el superclásico más devaluado de la historia.

Uno, River, peleando el descenso, algo inédito en su historia. Y, para agregarle más matices, echó al técnico que contrató hace 18 partidos (Cappa) para reemplazar a otro (Astrada) al que también le mostraron la puerta de salida.

El otro, Boca, tiene a su técnico en la cuerda floja. Borghi no encuentra el rumbo de un plantel rodeado de figuras. Tiene a Riquelme, Battaglia y Palermo como los abanderados históricos del club. Y sumó a Caruzzo, Cellay, Insaurralde y Clemente Rodríguez, quizás los cuatro mejores defensores del torneo pasado. Trajo a Luchetti, y el ex Banfield ya no sólo no escapa a la mediocridad, sino que sus errores con Argentinos hicieron que los hinchas lo apunten. Y si Boca no suma, la temporada que viene lo va a tener en la misma posición en la que está River hoy: peleando por no jugar en la B Nacional.

Los dos gigantes están en banca rota futbolística. De las dos veredas dicen que el superclásico no salva el año. Pero lo aliviará bastante...

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